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viernes, 1 de junio de 2012

133 y 134


133 y 134

Él estaba tirado en el pasto, revisando el Twitter en su Mac. Llevaba  una playera Abercrombie, jeans Diesel y tenis Lacoste. Levantó la vista, apenas, y vio pararse enfrente a una chica: morena, pelo negro azulado, rapada del  lado derecho, piercing en el labio, expansiones en ambas orejas, tatuajes en los brazos, el cuello y sabrá dios si debajo de la playera negra. Tecleaba en el celular con una mano mientras con la otra intentaba sacar un cigarro de la cajetilla. Los Marlboro cayeron al piso, cerca de él, y éste se apresuró a levantarlos.
-¿Me regalas uno?
-Simón, toma.
-Gracias. Permíteme- dijo, y sacó su encendedor para prender los dos cigarros.

Volvió cada uno a lo suyo.
Más tarde, entre la multitud, por obra de la casualidad –o del destino- se volvieron a encontrar. Ella estaba acompañada de sus amigos, él igual. Llevaban pancartas y gritaban. Ella se había anudado la playera por arriba del ombligo, dejando ver otro piercing. Él se preguntó que más habría debajo de la ropa. Los jeans rotos y las botas industriales no dejaban ver mucho.
Terminó. Todos los estudiantes se irían a sus respectivas universidades. Él tenía clases, pero no quería irse. Ella lo volteó a ver, y le sonrió, con una sonrisa que no se nota mucho pero que sí dice mucho. Los amigos de ella se despidieron para ir a su facultad. Ella, sin embargo, no se movió. Él se despidió de sus amigos, pero tampoco se fue. Se acercó a ella, y le pidió, sin pena, una visita guiada al campus, pero recorrieron muy poco, sólo hasta la salida, hasta el coche de él: último modelo, rojo.
Fueron al departamento de ella, en una zona de la ciudad a la cual él jamás había ido. Subieron las escaleras y ella lo guiaba, mientras él le veía el trasero y la figura prehispánica tatuada en el cuello. Su cabello dejaba una estela de olor, mezcla de shampú y humo de cigarro.
El departamento estaba sólo. Estaban solos. Ahí, ella descubrió que sin lentes, a él se le notaba que sus ojos eran color miel, y no verdes; él descubrió que ella tenía un piercing en la lengua; ella descubrió que él tenía una estrella tatuada en un muslo, oculta de la vista de sus padres; él descubrió que toda su espalda era un lienzo. Ambos supieron que fue el mejor sexo de su vida. Ella no supo qué modelo era el coche, ni de qué universidad era él. Él no notó el edificio grafiteado ni el departamento pobre.
Se despidieron con un beso en la mejilla y la promesa de una solicitud de amistad y un “follow”.


miércoles, 30 de mayo de 2012

Vanidad

Ayer vi un video, porque en twitter leí que era un hit, y como me encanta andar detrás de los videos virales, pues ahí voy. Se trata de una chica mostrando su rutina de maquillaje para cubrir el acné -bastante agudo- que la aqueja. La verdad, es sorprendente, maravilloso, lo que pueden hacer unos productos. En mi experiencia, jamás he podido lograr un efecto así, en primera, porque JAMÁS gastaría tanto dinero en cosméticos, y en segunda, porque cuando me he maquillado he estado tan incómoda que prefiero hacerlo sólo en ocasiones muy especiales. 
Pues la chica se transforma y a pesar de todo lo que se pone, le queda un look muy natural (tiene mucho futuro como maquillista, ni dudarlo), pero me surgen varios cuestionamientos: No sé qué edad tendrá la chica, pero  ¿cuánto tiempo llevará haciendo lo mismo? ¿No será peor para su piel tener todo el tiempo una máscara? ¿Se desmaquillará todas las noches, aún llegando cansada o enfiestada? Si esconde su piel de esa manera, ¿saldrá de su casa alguna vez sin maquillarse? 
La chica es muy linda, creo yo, aún sin las capas de maquillaje, y debe ser cansadísimo hacer todo eso a diario, porque supongo que si te presentas así una vez, será muy difícil mostrar la realidad. 
Ya que estoy en esas, voy a abrir mi corazón y a hablar abiertamente de mis traumas (sí, también soy vanidosa,  aunque no lo parezca): sufro con las "imperfecciones" tardías que empezaron a salirme después de tener a mi hijo. De verdad, tener una montaña en la nariz puede arruinarme el día, deprimirme a tal grado de no querer salir de casa. 
De unos años para acá, mis mejillas, ya de por sí, pecosas, se mancharon un poco. Intenté tapar las manchas con corrector, pero sólo terminaba haciéndolas más evidentes y no: no pienso ponerme cosas. Mejor me aguanto con mi crema y bloqueador solar.
Así que el video es excelente para salir de un apuro, y para las mujeres que gusten de salir muy arregladas todo el tiempo. Pero qué chido sería que los espejos no fueran nuestros peores enemigos.

viernes, 27 de abril de 2012

El país del casi, casi


Hoy anunciaron que la asamblea legislativa del Distrito Federal decidió no continuar (por el momento) con la propuesta de prohibir las corridas de toros en el DF. La noticia no me sorprende, era de esperarse que la gente involucrada en el negocio taurino (que es menos) pesara más que toda la gente que repudia este espectáculo salvaje. Pero como yo no puedo empezar el día sin hacer mi corajito (lo siento, no sería yo misma si no los hiciera) ya hice bilis hoy con brozo, el payaso conductor que en lo particular me cae mal, por creerse el intelectual, el inquisidor y el periodista de las causas nobles (cuando sólo es un empleado más de televisa). Al hablar sobre la noticia apoyó la decisión de congelar el tema en la asamblea, porque "hay cosas más importantes de qué preocuparse", y bueno, sí y no: los legisladores deberían atender TODOS los asuntos, que para eso les pagan rebien. ¿Qué hacen todo el año, si no es rascarse la panza y gastarse dinerales que son de nosotros?  Claro que es necesaria una ley general de víctimas, claro que urgen reformas, pero la cuestión de la tauromaquia es también importante: refleja la idiosincrasia de un pueblo; la manera en que los hombres se relacionan con los otros seres vivos; la sensibilidad, la empatía hacia el sufrimiento ajeno. Pero eso no importa, ya que la "fiesta", tan rica en elementos culturales (de otro país: España) justifica cualquier sacrificio. 
Que se jodan los toreros. Que se jodan los empresarios. 
Los toros ni en el ruedo, ni en el plato!

sábado, 7 de abril de 2012

En el corazón

Mi abuelo fue a la segunda guerra mundial con el H. Escuadrón 201, y yo no he desperdiciado la oportunidad de contárselo a quien he podido. Muchos lo conocieron por eso, y por supuesto que siempre he sentido mucho orgullo, pero la verdad es que los recuerdos que tengo de mi abuelo, los más fuertes, no son del ejército. De hecho, a mí no me tocó verlo como militar. Los recuerdos que tengo de él son más familiares: mi abuelo, en su taller, reparando televisiones, rodeado de ellas. 
Ahí estaba, sentado en un banco café y yo, por ahí jugando con un flyback como estetoscopio, o condensadores como accesorios de barbies. Recuerdo el sonido que hacía el cautín caliente al contacto con la esponja mojada, y el ruido blanco de los aparatos prendidos; los espejos que usaba para ver las pantallas, la lupa, el alambre de soldadura que yo cortaba con los dientes; yo, metida entre las patas de un banco de madera, viéndolo armar y desarmar...
No necesitaba un tatuaje para tenerlo presente, pero ahora será indeleble.

martes, 20 de marzo de 2012

Día mundial sin carne

¿Qué te parece si sólo por este día amas a todos los animales por igual, sin importar si viven en el agua, en la selva, en una granja o en tu casa?
¿Qué te parece, sólo por hoy, amarlos a todos por igual, sin importar si son mascotas o si tienen buen sabor después de muertos y cocinados?
¿Qué tal si, sólo por hoy y para variar, llenas tu plato con otras cosas deliciosas y no financias la industria asesina?
Un día al año no te matará de hambre, y tal vez te guste...

20 de Marzo, día mundial sin carne

sábado, 18 de febrero de 2012

5 años!


Hoy cumplo nada más ni nada menos que 5 años de ser vegetariana. Un buen día de Carnaval me propuse dejar de comer animales, sin ninguna razón en particular. Mi intención no era ser más saludable, ni adelgazar, quizás la cuestión ética fue la que más pesó, pero ni siquiera era una razón tan poderosa. Simplemente no pensé que aguantaría, sobre todo porque yo pasé la universidad desayunando una cocacola y un cigarro y cenando hotdogs, comiendo tazones gigantes de chococrispies y pan bimbo. Después, cuando me fui a vivir sola, mi idea de lunch nutritivo era un yogur para beber y unos trikitrakes, y tenía tan poco dinero que apenas me alcanzaba para tacos, cigarros y agua.
Cuando me casé, los tacos de pescado, las quesadillas con salchicha, el pollo asado, hamburguesas con queso blanco y todo lo que tuviera chocolate me provocaban orgasmos y salíamos a comer fuera cada vez que podíamos. 
Mi pobre bebé pasó los primeros 3 años comiendo salchichas y danoninos como lunch, y le comprábamos cajas con 24 "nutritivos" jugos de cajita. Pura basura.
Y un buen día le dije adiós a todo, y me lancé al vacío con una dieta que no conocía, y no volví atrás.
Debo decir que si no fuera por el internet (he dicho ya que amo el internet?) no sé que habría hecho, pero gracias a las muchas páginas sobre vegetarianismo he descubierto ingredientes que nunca había visto y que ahora me fascinan. 
Sí, a veces me siento muy desesperanzada y pienso que todo sería mucho más sencillo si pudiera pararme en el súper pollo y no romperme la cabeza pensando en qué hacer de comer, pero ya no podría volver a lo de antes. 
Soy otra persona, y esa persona me gusta más: nunca creí que la compasión podría más que mis antojos, o que llegaría a ver a los animales como seres importantes, a todos ellos, sin diferenciarlos por su especie, sin decidir arbitrariamente que unos son animales de compañía y otros objetos para asesinar y comerlos. Ya ni hablar del cambio radical en mi salud.
En fin, me siento muy feliz y lo celebraré con un elote en el carnaval.